General Juan Carrasco

Juan Carrasco, Caballero de la Lealtad
"El General Juan"
“La Muerte del Caballero de la Lealtad”
Martín Luis Guzmán habla de Juan Carrasco
“El General Humano”
“Carrasco Figura Non”
Juan Carrasco, Caballero de la Lealtad
 
¡Romance de Juan Carrasco
que es un son de madrugada!

“El Calero de El Potrero”

Día de la apoteosis de héroe. El mausoleo de la gratitud sinaloense erigió para albergar las cenizas de sus hijos mas preclaros, recibía en su ceno la de uno de los mas queridos y el mas popular de los que un día se lanzaron a la lucha armada para lograr un México mejor. En su discurso, el orador oficial recalcó la manera con que los hombres del ilustre desaparecidote nombraban. No le decían general, ni jefe; para ellos era Juan, sencillamente Juan. Así le llaman todos, desde el que presidía la plana mayor hasta el último soldado, y el nunca presento objeción por ese tratamiento, a pesar de ser su adalid y del águila dorada que ostentaba en su sombrero. Porque así era Juan, así de sencillo, de afable y de sincero; porque mas que un general era un simple campesino en armas, prototipo del ranchero sinaloense, todo corazón, abierto como anchurosa plaza para recibir el calor de la humanidad.

Juan Carrasco nació el 22 de junio de 1882 en el poblado de Puertas de las Canoas, del municipio de Mazatlán siendo hijo natural de Luciano Carrasco. No sabes si por pobreza de su progenitor o por falta de escuela no aprendió a leer ya escribir, aunque también es probable que no estudiara porque desde pequeño se le haya dedicado alas tareas del campo. Habiendo radicado en El Potrero, se dedico a la producción de cal, actividad que le gano el apodo de “El Calero”, y por su “buena estatura, piel quemada por el sol, cuerpo gallardo y cuerpo anguloso”, jinete sin par, y dueño de la alegría del vivir, se torno muy popular no solamente entre los pobladores de las rancherías aledañas al El Potrero, sino también entre muchas personas de Mazatlán, que fueron cautivadas por su cuantiosa alegría, su sinceridad y su conducta.

La vida de Juan se deslizaba entre continuos viajes a Mazatlán a donde llevaba carros de cal, y en medio de peleas de gallos, carreras de caballos y sones de tambora. Sin embargo, el trabajo y la jarana no le impedían mostrar su inconformidad con la situación que prevalecía en el país, que se reflejaba profundamente en la peonada y en las clases humildes. La dictadura porfiriana obraba con mano de hierro, y para él no era nada halagüeño la visión de las cuerdas de los campesinos que la leva arrancaba de sus hogares, ni la de la persona vida que arrastraban los que nada tenían. Las prédicas de don Francisco I. Madero, que comentaba con su compadre don Justo Tirado, le fueron dando el convencimiento de que si las gentes pobres deseaban una vida mejor, tenían que ganarla a punta de bala, así que al estallar la revolución Maderista, Carrasco, que tenia un gran ascendiente entre los campesinos, pudo jefaturar un grupo de levantados y se puso a las ordenes de don Justo –que era el mas destacado de los revolucionaros del distrito de Mazatlán-, mas a pesar de su aportación de combatientes no pidió grado alguno y prefirió luchar como simple soldado. En abril de 1911, Tirado se levanto en Palma Sola para luego sitiar Mazatlán, que fue tomada el 2 de junio siguiente. Al terminar la lucha contra Porfirio Díaz, Juan regreso al El Potrero a reanudar sus labores agrícolas y de la cal, mas pronto se vio perseguido por algunos revolucionarios, ya que por desgracia éstos se dividieron en grupos que luchaban entre sí, y unos le exigían que se les uniera, mientras otros lo consideraban como enemigo. Las cosas llegaron al grado de que, en cierta ocasión un tal Guabinas –que se decía general- se dirigió al El Potrero acompañado de 20 hombres, con la mira de atacar a Carrasco; pero éste, que se dio cuenta, no espero a ser agredido, y a pesar de no tener compañía tomo la iniciativa, con el resultado de que los puso en fuga. Este incidente y la inseguridad que reinaba, lo empujaron a integrar un grupo armado y ponerse a las ordenes del gobierno para termina con las gavillas de levantados que merodeaban los alrededores.

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